domingo, abril 02, 2017

LAS CRÓNICAS DEL TEMPLO NEGRO de Glauconar Yue


           


Son una serie de textos muy antiguos, (acaso tan antiguos como Pangea) casi como un génesis apócrifo de un planeta Tierra que parece otro mundo; como si fuera el primer capítulo de la enciclopedia mencionada en Tlön Uqbar Orbis Tertius de Borges, famosa y perdida enciclopedia de otro mundo que pronto infectara este.

Sobre esos textos el autor nos plantea sus interpretaciones y su ambigüedad, nos lo propone como tema de investigación activa, no solo de lectura crédula, sino que nos encontramos siendo un personaje más del relato, un personaje que es escéptico y juez. Es un juego de ajedrez del escritor y el lector, en el que si parpadeamos podemos perder miserablemente. Es además un génesis no escrito por hombres sino por dioses. No revelado a ellos, sino descubierto, acaso por accidente, por aquellos a los que acaso no les está dado entenderlo.

Es un libro tan diferente al primero de Glauconar que parece otro autor, solo reconocemos como familiar el virtuosismo del lenguaje (aunque es otro estilo) y la brevedad del texto.

Lo que más he disfrutado de la novela son dos altos momentos:
Cuando el autor juega con lo narrado, por ejemplo con la identidad de dos personajes confundiéndolos en uno, fue simplemente fascinante, juego que no sé cómo logró hacer, pero sé que es como la alquimia de un científico loco que jugara con palabras, sintaxis y semántica para crear vida de las inertes letras del alfabeto, eso que puede hacer la literatura que la narración no puede y que, según el primer Wittgenstein, el lenguaje no debería  hacer: decir lo que es imposible de experimentar en el mundo real. Como el químico crea nuevas sustancias y materiales partiendo de los mismos ordinarios materiales de la cotidiana materia, esto solo posible por haber llegado al fondo de lo que es la relación cosas y palabras. No se refleja la realidad sino que se crean nuevas sustancias con las palabras, y digo realidad pues todo lo real es lo que está presente, y desde que Glauconar escribió  “Las crónicas” existe ese arquetipo o la sombra de aquel bajo a nuestro pobre mundo.

Otro momento de gran belleza, próximo al final, son unos capítulos poéticos, aquí lo bello se sobrepone al protagonismo de lo raro.  De ese amplio mundo, creado o descubierto, por Glauconar les dejo un granito de arena:


…Así habló, pues, que la razón no podrá ser vencida por la emoción pura, tal como no puede ser doblegada la fuerza por la debilidad... Glauconar Yue. Las crónicas del templo Negro.


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